Hace un par de semanas, Javier Aguirre se atrevió a decirlo: la Selección Mexicana que afrontará la Copa Mundial Sudáfrica 2010 está para hacer historia. Y posiblemente lo está debido a la convergencia de varios factores favorables que potencialmente podrían hacer de este equipo nacional el mejor de todos los tiempos. ¿Tiene razón el técnico nacional en ser tan optimista? ¿Qué le espera realmente a México en Sudáfrica 2010?
El optimismo exultante de El Vasco está basado en la existencia de tres factores sin precedente en la historia del futbol mexicano:

El triunfo de la sub-17 en 2005 puso a todos los mexicanos a soñar con atestiguar la repetición de esta hazaña, pero con la Selección mayor.
A esta rara y nunca antes vista conjunción astronómica habría que agregarle algunos elementos más que ya han beneficiado a México en ocasiones anteriores: un grupo de jugadores experimentados que sirven como los pilares anímicos de la Selección, tales como Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Torrado, el Conejo Pérez incluso; el propio director técnico nacional, Javier Aguirre, quien no sólo enderezó a un Tri que se vio titubeante durante tres largos años, sino que ya ha demostrado que puede llevarlo a alturas insospechadas; y finalmente, un grupo mundialista que no parece tan difícil, dados el paso titubeante de Francia y Uruguay en las eliminatorias y el mal nivel del conjunto sudafricano.
En una época diferente, esto hubiera sido suficiente para echar las campanas al vuelo y afrontar el mundial con expectativas muy altas. Pero la historia reciente de México en las últimas cuatro Copas Mundiales nos ha hecho ser mucho más cautos y desconfiados. La realidad es que esta selección soñada, por más argumentos que tenga sobre el papel, aún es pura potencialidad, no existe, no ha jugado todavía, y nadie sabe si la veremos jugar finalmente. En la tragicomedia cuatrienal que representa la selección nacional en mundiales, es tan posible que se dé una actuación histórica, como que la proverbial inconsistencia del futbol mexicano aparezca una vez más.
Lo único cierto entonces es que la selección mexicana de este 2010 afronta el mundial sin saber bien qué esperar, con una mayor incertidumbre inclusive que en otras ocasiones: en Estados Unidos 94, el equipo nacional llegaba entre el optimismo producto de la brillante actuación en la Copa América 93, y el realismo pesimista ante el grupo tan difícil que había tocado en suerte; para Francia 98, las expectativas eran negras y sombrías debido a los pobres resultados de la gira de preparación; en Corea-Japón 2002, aún se navegaba sobre la cresta de la ola que había significado la salvación de Aguirre, que hacía pensar que era posible calificar a la segunda ronda; en Alemania 2006, México llegaba con grandes esperanzas y lleno de optimismo ante la ventaja que representaba ser cabeza de serie. En cada uno de estos mundiales, las expectativas nunca estuvieron a la par de los resultados, ni en un sentido positivo ni negativo. Para este 2010, todo mundo, desde los aficionados a los medios, parece haber tomado una posición de optimismo cauteloso: confianza ante el potencial futbolístico, la preparación y el grupo que tocó en el sorteo, pero con reservas.

La que en la opinión de muchos aficionados ha sido una de las mejores de todos los tiempos: la Selección Mexicana de Francia 98.
De una manera espontánea, antes de atreverse a hacer predicciones categórica, todos los seguidores del futbol mexicano están esperando de que empiecen los partidos de preparación de la Selección: el primero a jugarse el 7 de Mayo contra Ecuador, para finalizar jugando contra Holanda el 3 de Junio. Después, y sólo después, de esta maratónica gira (que por su duración y el número de partidos equivale a jugar el mundial completo, desde la fase de grupos hasta la final) será posible hacer una valoración real del nivel de la Selección mexicana y una estimación fidedigna de lo que podemos esperar para los verdes en Sudáfrica. Pero en último término, el cómo le vaya a México depende principalmente de que Javier Aguirre logre conseguir conjuntar armónicamente y desplegar toda la potencialidad de aquellos factores únicos que tiene en sus manos. Sólo así, la Selección podría realmente “hacer historia” en este mundial 2010.
El optimismo exultante de El Vasco está basado en la existencia de tres factores sin precedente en la historia del futbol mexicano:
- Una generación de futbolistas jóvenes distinta: los alumnos aventajados de los Niños Héroes del mundial sub-17 de Perú 2005 se distinguen de sus mayores porque tienen rasgos poco comunes entre el futbolista mexicano: explosividad, carácter y el no arrugarse ante nadie. Llegan al mundial con todo lo que dan cinco años más de experiencia, tanto en clubes como en Selección, y aunque están todavía a algunos años de alcanzar la plena madurez futbolística, su juventud es un plus para un país que usualmente dependía principalmente de jugadores experimentados.
- La legión europea: como nunca antes, México cuenta con un total de once futbolistas jugando en ligas europeas. Todos ellos juegan en equipos y ligas de niveles distintos, y cada uno presenta diferentes niveles de actividad, por lo que es difícil hacer evaluaciones precisas de cuál será su nivel real en selección. Pero lo que sí es indudable es que todos estos jugadores son de lo mejor del futbol mexicano y serían titulares indiscutibles en cualquier equipo de la Primera División.
- Una preparación ejemplar: el Tri tendrá una concentración sin parangón en el mundo entero, quizá con la excepción hecha del equipo anfitrión del mundial, al contar con al menos la mitad de sus elementos desde dos meses antes del torneo y un amplio calendario de encuentros amistosos (siete partidos en menos de cuatro semanas) que incluye equipos que seguramente serán protagonistas en Sudáfrica. Esta intensa preparación debería ser más que suficiente para que el cuerpo técnico elija a los 23 que irán al mundial, para definir un estilo propio, y para conformar un grupo unido.

El triunfo de la sub-17 en 2005 puso a todos los mexicanos a soñar con atestiguar la repetición de esta hazaña, pero con la Selección mayor.
A esta rara y nunca antes vista conjunción astronómica habría que agregarle algunos elementos más que ya han beneficiado a México en ocasiones anteriores: un grupo de jugadores experimentados que sirven como los pilares anímicos de la Selección, tales como Cuauhtémoc Blanco, Gerardo Torrado, el Conejo Pérez incluso; el propio director técnico nacional, Javier Aguirre, quien no sólo enderezó a un Tri que se vio titubeante durante tres largos años, sino que ya ha demostrado que puede llevarlo a alturas insospechadas; y finalmente, un grupo mundialista que no parece tan difícil, dados el paso titubeante de Francia y Uruguay en las eliminatorias y el mal nivel del conjunto sudafricano.
En una época diferente, esto hubiera sido suficiente para echar las campanas al vuelo y afrontar el mundial con expectativas muy altas. Pero la historia reciente de México en las últimas cuatro Copas Mundiales nos ha hecho ser mucho más cautos y desconfiados. La realidad es que esta selección soñada, por más argumentos que tenga sobre el papel, aún es pura potencialidad, no existe, no ha jugado todavía, y nadie sabe si la veremos jugar finalmente. En la tragicomedia cuatrienal que representa la selección nacional en mundiales, es tan posible que se dé una actuación histórica, como que la proverbial inconsistencia del futbol mexicano aparezca una vez más.
Lo único cierto entonces es que la selección mexicana de este 2010 afronta el mundial sin saber bien qué esperar, con una mayor incertidumbre inclusive que en otras ocasiones: en Estados Unidos 94, el equipo nacional llegaba entre el optimismo producto de la brillante actuación en la Copa América 93, y el realismo pesimista ante el grupo tan difícil que había tocado en suerte; para Francia 98, las expectativas eran negras y sombrías debido a los pobres resultados de la gira de preparación; en Corea-Japón 2002, aún se navegaba sobre la cresta de la ola que había significado la salvación de Aguirre, que hacía pensar que era posible calificar a la segunda ronda; en Alemania 2006, México llegaba con grandes esperanzas y lleno de optimismo ante la ventaja que representaba ser cabeza de serie. En cada uno de estos mundiales, las expectativas nunca estuvieron a la par de los resultados, ni en un sentido positivo ni negativo. Para este 2010, todo mundo, desde los aficionados a los medios, parece haber tomado una posición de optimismo cauteloso: confianza ante el potencial futbolístico, la preparación y el grupo que tocó en el sorteo, pero con reservas.

La que en la opinión de muchos aficionados ha sido una de las mejores de todos los tiempos: la Selección Mexicana de Francia 98.
De una manera espontánea, antes de atreverse a hacer predicciones categórica, todos los seguidores del futbol mexicano están esperando de que empiecen los partidos de preparación de la Selección: el primero a jugarse el 7 de Mayo contra Ecuador, para finalizar jugando contra Holanda el 3 de Junio. Después, y sólo después, de esta maratónica gira (que por su duración y el número de partidos equivale a jugar el mundial completo, desde la fase de grupos hasta la final) será posible hacer una valoración real del nivel de la Selección mexicana y una estimación fidedigna de lo que podemos esperar para los verdes en Sudáfrica. Pero en último término, el cómo le vaya a México depende principalmente de que Javier Aguirre logre conseguir conjuntar armónicamente y desplegar toda la potencialidad de aquellos factores únicos que tiene en sus manos. Sólo así, la Selección podría realmente “hacer historia” en este mundial 2010.
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